DESPERTAR ÍNTIMO

Poesía de la Vida al Arrullo del Viento

Amor de Padre, Amor de Dios

 “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10)

Con entusiasmo y alegría la Parroquia San José dio un paso más de evangelización, dentro del plan pastoral y compromiso de una iglesia en salida. Así en el barrio la Liberia, Jesús toco la puerta y en misión parroquial, en dos (2) casas de reunión, vivimos los feligreses, el anuncio de salvación y encuentro vivo del Laico con Cristo y la iglesia en comunidad. Seis temas y en boca de los jefes de casa y proclamadores, abrieron los corazones a la experiencia personal con el eterno amor y fidelidad de Dios. Del tema uno (1) “AMOR DEL PADRE”, descubrí que Dios me ama de manera personal e incondicional; desde el vientre de mi madre y que, en cada etapa de la vida, tanto en el dolor como en el gozo, Él me acompaña e ilumina, para darme lo mejor. La siguiente historia “El árbol de las manzanas” nos adentra en ese amor profundo de nuestros padres y sincero amor de Dios Padre.

Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo apreciaba mucho y todos los días jugaba a su alrededor. Trepaba por el árbol, y le daba sombra. El niño amaba al árbol y el árbol amaba al niño. Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y el nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol.

Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó que el árbol le dijo triste: "¿Vienes a jugar conmigo?". Pero el muchacho contestó: "Ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles. Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos". "Lo siento, dijo el árbol, pero no tengo dinero… pero puedes tomar todas mis manzanas y venderlas. Así obtendrás el dinero para tus juguetes". El muchacho se sintió muy feliz. Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste.

Tiempo después, el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó: "¿Vienes a jugar conmigo?". "No tengo tiempo para jugar. Debo trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?". "Lo siento, no tengo una casa, pero… puedes cortar mis ramas y construir tu casa". El joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió desde esa vez y el árbol volvió a estar triste y solitario.

Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el árbol estaba encantado. "Vienes a jugar conmigo?", le preguntó el árbol. El hombre contestó: "Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?". El árbol contestó: "Usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz". El hombre cortó el tronco y construyó su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo.

Finalmente regresó después de muchos años y el árbol le dijo: "Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas". El hombre replicó: "No tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar… ahora ya estoy viejo. Yo no necesito mucho ahora, solo un lugar para descansar. Estoy tan cansado después de tantos años…". Entonces el árbol, con lágrimas en sus ojos, le dijo: "Realmente no puedo darte nada… lo único que me queda son mis raíces muertas, pero las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa". El hombre se sentó junto al árbol y éste, feliz y contento, sonrió con lágrimas.

Esta puede ser la historia de cada uno de nosotros. El árbol son nuestros padres y sin condición el amor de Dios Padre. Cuando somos niños, los amamos y jugamos con papá y mamá. Cuando crecemos los dejamos. Sólo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas. También, con el Padre Dios, acudimos en los momentos de agonía; pero Él está ahí. No importa lo que sea, ellos siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices. El muchacho de la historia, es cruel contra el árbol; pero él es feliz, porque le ama. Así nosotros tratamos a veces a nuestros padres; pero, ellos como Dios, siguen secando nuestras lágrimas. Valoremos a nuestros padres mientras los tengamos a nuestro lado y no olvidemos como en (Isaías 63,7) “Recordar los beneficios del Señor”. Dios te Bendiga.

José Miguel Ángel Beltrán Gómez.

RecreaEspíritu…

26/junio/2022. La comunidad tiene la palabra. Sol estéreo. 99.1 FM. 11 am-12:30 pm.

Imagen de Artie_Navarre en Pixabay 

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