“Allana el sendero de tus pies y todos tus caminos serán firmes” (Proverbios 4, 26)
La vida es el mejor escenario para demostrar tu capacidad de saltar en el momento justo. Está dotada de dones y habilidades que te permiten ser tu propio arquitecto en situaciones de crisis. Sin embargo, cuando estamos atrapados por la comodidad o por la necesidad, nos ultraja el poder, la indiferencia, el conocimiento, la soberbia, las personas sobradas, que solo ven errores, mas no la entrega. Es ahí donde tienes que dar tu mejor salto, tu mejor respuesta, tu acertada decisión. Te quedas porque te es conveniente o comprendiste la misión valiosa de salvación que Dios te encomendó, en aquel lugar. O mejor aún, allí pudiste valorar tu sentido crítico, ver la realidad por el ojo de tus claras ideas y probar tu fuerte personalidad, la seguridad en ti mismo. Como los delfines, salta de alegría por tus logros, mas no te dejes atrapar, en la red de tu propia ignorancia.
Abordamos un mundo, donde
quisiéramos alcanzar el éxito sin sacrificio alguno. Vivir, en la facilidad que
nos muestran las redes sociales; en el querer del ídolo, al que si nos
arrodillamos y seguimos sin cuestionar. Nos cuesta asumir una actitud crítica y
valorativa de lo bueno que hago o realizan los demás. Estamos a la cacería de
fallidas acciones y subrayar en ellas, para satisfacer o demostrar nuestra
incapacidad de cambiar y dar el salto que necesito, en la circunstancia en que
me dejo atrapar. Aunque estamos en permanente cambio, los valores, principios y
la voz de Dios permanecen en el tiempo, para rescatarnos de aquellas oleadas,
donde priman los derechos y se cierra la puerta al deber jugar limpio, abrazar
el respeto, fructificar en la tolerancia y llamar al orden si se abusa y
pretende aniquilar el propio derecho, en nombre de la libertad. Pregúntate
¿estoy dispuesto al cambio y a dar el salto sin afectar la estabilidad del
otro? Vuelve la mirada al poder de Dios, Él te Bendice.
En la siguiente fábula
“La rana y el agua hirviendo” encontramos una oportunidad para reflexionar,
sobre la necesidad de dar un paso al lado, cuando la comodidad me estanca o me
irrita una acción de agravio y afecta mí dignidad.
Una rana saltó un día a
una olla de agua hirviendo. Inmediatamente, saltó para salir y escapar de ella.
Su instinto fue salvarse y no aguantó ni un segundo en la olla.
Otro día, esa misma olla
estaba llena de agua fría. Una rana saltó dentro y nadó tranquila por el agua
de la olla. Estaba feliz en esa 'piscina' improvisada.
Lo que la rana no sabía,
es que el agua se iba calentando poco a poco. Así que, al poco tiempo, el agua
fría se transformó en agua templada. Pero la rana se fue acostumbrando, allí
seguía, nadando plácidamente en ella. Sin embargo, poco a poco, el agua subió
de temperatura. Tanto, que llegó a estar tan caliente, que la rana murió de
calor. Ella, sin embargo, no se había dado cuenta, ya que el calor aumentaba de
forma gradual y se iba acostumbrando a él.
Para Estefanía Esteban, periodista;
esta historia nos deja como “Moraleja: Si te vas acomodando y acostumbrando a
los cambios que llegan sin reflexionar sobre ellos, puede que pierdas la visión
de la realidad y termine afectando a tu calidad de vida. Busca siempre lo mejor
para ser feliz y nunca pierdas la visión del lugar donde te encuentras”.
“Si permitimos que la
gente nos explote física, emocional, financiera, espiritual o mentalmente
continuarán haciéndolo”. Asume tu responsabilidad de cambio y ajusta lo que
necesitas adecuar, para seguir adelante o saltar. Recuerda, nadie saltará por
ti. No te dejes arrullar por la suave brisa, salta mientras tengas fuerza y
deja huella. Dios te Bendiga.
José Miguel Ángel Beltrán
Gómez.
RecreaEspíritu…
20/agosto/2021. La
comunidad tiene la palabra. Sol estéreo. 99.1 FM. 11 am-12:30 pm.
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