El mes de junio es un mes privilegiado. Celebramos la solemnidad del sagrado corazón de Jesús, la devoción al inmaculado corazón de maría y el feliz día del padre. El maravilloso don de ser padre o madre, son una Bendición de amor que transforma vidas y enseña a vivir, de una manera incondicional y sin esperar recompensa alguna. Felicidades padres, son también maestros en la alegría de alimentar a los inquietos hijos, ansiosos por descubrir el mundo. Padres somos puentes donde descansan la cabeza los hijos y la huella que seguirán. Podríamos hablar de las bondades de ser padres, sin embargo la reflexión de hoy se centra en el corazón de María. “Ellos no comprendieron lo que les decía. Jesús fue con ellos a Nazaret, y les estaba sumiso. Su madre guardaba todas esas cosas en su corazón” (Lc 2, 41-51).
A toda
madre le palpita el corazón, incluso cuando sin ver, percibe una satisfacción o
una situación de peligro en la integridad de su hijo. Ella sin mediar
tempestades acude al llamado y se ufana por ser la maestra que el hijo espera
encontrar, en el momento justo y dar valor a su misión de madre. ¿Piensa
querida madre en ese hermoso instante en que decidiste ser madre? No importa el
lugar ni la condición, pero es el majestuoso encuentro con la creación y el
amor del Padre Dios, encomendado al tierno corazón de María, mi madre, tu madre
y nuestra madre.
Recuerdo
a mi madre, una mujer emprendedora y llena de fe. Sabía dar a las situaciones
amargas, la nota necesaria, para convertirlas en pentagramas de exquisita
melodía. Solo ella, encontraba solución a la ingenua duda, que como hijos no
comprendíamos y sin contar con diccionario en la mano, las respuestas nos
hacían sentar cabeza; así caminamos hasta su partida a la eternidad, desde donde
nos cuida con el mismo cariño y amor, que lo hacía en nuestras asiduas horas de
dolor o de triunfo. En un rincón de la
casa, un altar abría las mañanas y frente a él, de rodillas, con un rosario a
la inmaculada, oraba por sus hijos y sin desfallecer, su corazón entregaba.
Gracias madre por darme tu corazón.
El
corazón representa la personalidad del hombre y en él están contenidos los
pensamientos y las emociones. Así, el corazón inmaculado de María representa
sus virtudes, sus gozos, sus tristezas y su amor de madre. La historia de esta
devoción comienza en el siglo XVII, cuando san Juan Eudes comenzó a promoverla
junto con la del sagrado corazón de Jesús. Este santo decía que el corazón de
María es la fuente y el principio de todas las grandezas y excelencias que la
adornan y que la hacen estar por encima de todas las creaturas. En 1917, en la
tercera aparición de Fátima, nuestra Madre pidió que se consagrará el mundo al
inmaculado corazón y que se difundiera esta devoción para lograr la paz del
mundo.
El
sábado que sigue al segundo domingo después de pentecostés celebramos la
memoria del inmaculado corazón de la Virgen María. “Conservaba todo en su
corazón” (Lucas 2, 51). El corazón de la Virgen María tuvo, a lo largo de su
vida, muchas cosas sobre las que meditar, desde el anuncio y nacimiento de su
hijo, hasta su muerte y resurrección y la venida del Espíritu. Este corazón de
María, meditativo, atento, abierto a Dios y a los demás, se convierte en modelo
para nosotros, los seguidores de Jesús. Este maestro de Jesús, su madre, muy
sencilla, pero llena hasta rebosar de la sabiduría de Dios. María la
silenciosa, la de mirada transparente, la acogedora; atendió a su hijo, y
contándole, con una narración aparentemente ingenua, lo que más nos cuesta
entender: que la felicidad es la del corazón pobre, misericordioso, pacifico
con rostro de niño y sabiduría de profeta. María… Madre y Maestra de Corazón.
A veces
no comprendemos lo que quiere Dios para mi vida, pero no debemos tener miedo de
seguir el camino si tengo a la palabra de Dios en mi corazón. La Virgen María
tenía claro la voluntad de Dios para su vida y en consecuencia actuó, guardando
en su corazón cada momento de la vida de Jesús, desde la perdida y encuentro en
medio de los doctores en el templo, hasta seguir los pasos de muerte en la
cruz.
Como
María acojamos los planes y voluntad de Dios, aunque no los comprenda, siempre
hay allí un para que, que me hace reflexionar y confiar en Él, porque sé que no
me falla. Dios quiere lo mejor para ti, confía en Él y sigue a Jesús. Practiquemos el silencio y la oración, como María.
Meditar y orar en el silencio todo lo que nos sucede, nos da la calma para
comprender la cuarentena por ejemplo, y actuar con cautela según las llamadas
de Dios. En el silencio Dios nos escucha y habla para que la mente, corazón y
acción sean la Bendición que buscas para tu vida. Se feliz y guarda en el
corazón las espinas y flores que nutren tus buenas acciones. Te consagro María,
mi corazón.
Dios te
Bendiga.
José Miguel Ángel
Beltrán Gómez.
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