“Evalúa, agradece y proyecta desde el amor”
Viaja por la vida buscando respuestas, a cada hecho que le cautiva el corazón. En ese caminar, encuentra: luz, verdad y satisfacción por los frutos que hoy reconfortan su andar. Sin detenerse, descubre un sencillo acto de amor; la Oración. En ella está el instante a una situación o sentimiento de preocupación; pero efectiva solución, cuando con fe y absoluta claridad, pide sabiduría para soportar y pulir en la prueba. Así son los kilómetros de amor recorridos, por quienes, consagran sus proyectos de vida, al servicio de otros, recuperar la autoestima y se nutren del amor de Dios, para vencer las limitaciones y ver en Jesús la claridad del nuevo amanecer. ¿Pides con fe y claridad al Orar? O sencillamente, ¿te dejas envolver por la angustia y al lodo besas? Ora con fe en todo tiempo.
Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba
sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba mucha gente,
preguntó qué sucedía. Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. El ciego se
puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!». Los que iban
delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo
de David, ten compasión de mí!». Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran.
Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó: ¿Qué quieres que haga por ti?». «Señor,
que yo vea otra vez». Y Jesús le dijo: «Recupera la vista, tu fe te ha
salvado». En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús,
glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios (Lucas 18,
35-43).
El Papa Francisco ante este grito, nos invita
a discernir ante la necesidad de orar y pedir con fe, el actuar de Jesús en
nuestro diario vivir: Rezar es sentir que Jesús nos dirige la pregunta del
ciego: ¿tú crees que puedo hacer esto? Él puede hacerlo. Cuando lo hará, como
lo hará no lo sabemos. Esta es la seguridad de la oración. La necesidad de
decir la verdad al Señor. 'Soy ciego, Señor. Tengo esta necesidad. Tengo esta
enfermedad. Tengo este pecado. Tengo este dolor...', pero siempre la verdad,
como es la cosa. Y Él siente la necesidad, pero siente que nosotros pedimos su
intervención con seguridad. Pensamos si nuestra oración es de necesidad y es
segura: de necesidad porque nos decimos la verdad a nosotros mismos, y segura,
porque creemos que el Señor puede hacer aquello que le pedimos
La fe del ciego de Jericó te llama a cimentar
en tu corazón, esa misma fe que a él lo movió a pedir y volver a ver. La fe nos
incorpora a la sociedad y al camino de Jesús y al evangelio. Un hombre de fe es
aquel que acepta que Jesús actúa en su vida y le da confianza para sacar
adelante sus proyectos. Actúa con la confianza de Dios; está de tu lado, en
las obras que construye o en las situaciones que te lesionan; pero que, al
depositar en las manos de Jesús, te recuperan a la vida.
La petición del ciego Bartolomé es concreta y
clara. Él grita una y otra vez su oración: “Jesús, hijo de David, ten compasión
de mi” y aunque a otros estorbaba, Jesús sí le atendió y ante el clamor “Señor,
que vea otra vez” Jesús le dice: “Recupera la vista, tu fe te ha salvado”.
¿Cómo es tu oración? Llena de reclamos, peticiones y censuras o es el tranquilo
y constante encuentro con quien es la luz y con su palabra de las tinieblas te
saca, Jesús. Pide con fe y claridad al orar, es una acción lenta de comprender,
pero efectiva si la consolidas en tu mente y sentimientos.
Afianza en ti el ser solidario y generoso que
habita en tu corazón. Somos buenos porque somos creaturas de Dios. La caridad
pasa por dar al otro lo más valioso. Agradece por el pan que saborea tu boca y
comparte el primero que del horno sale. Dios te Bendiga.
José Miguel Ángel Beltrán
Gómez.
RecreaEspíritu…
Bibliografía
Francisco, S. P. (06 de 12 de 2013). Evangelio del
día: El ciego de Jericó. Obtenido de Catequesis en familia:
https://www.catequesisenfamilia.es/catequesis-familiar/la-biblia/4242-evangelio-del-dia-el-ciego-de-jerico.html