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CCO. Pexeles (2016). Protección. Recuperado de https://pixabay.com/es/photos/escalada-en-roca-protecci%C3%B3n-1283693/ |
Son
nuestras prudentes acciones, las que perduran en el tiempo, y dejan huella para
ver la luz. “Yo, la sabiduría, habito
con la prudencia y poseo la ciencia y la reflexión” (Proverbios 8, 12).
En
estos tiempos modernos, las decisiones son tomadas a la ligera y al vaivén de los
hechos; al mundo asombran por el deterioro de los derechos y deberes humanos. Dilapidamos
la dignidad humana y violentamos la natural belleza de la creación. Es
necesario explorar la virtud de la prudencia en cada acto de nuestra vida, para
qué las decisiones del padre de familia, del hijo, del gobernante público, del pastor
de la iglesia, del dirigente comunal; en fin, del líder, sean de construcción
objetiva del bien, del amor comunitario y no del poder, el descuido y gloria
superflua.
Viene a
mi memoria la parábola de Jesús en (Mateo 25, 1-13), donde el prudente está
preparado para la espera y el combate, ante circunstancias previsibles. En
aquel tiempo, dijo Jesús: «Entonces el Reino de los Cielos será semejante a
diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio.
Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar
sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con
sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se
adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: "¡Ya
está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!" Entonces todas aquellas
vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las
prudentes: "Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se
apagan." Pero las prudentes replicaron: "No, no sea que no alcance
para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo
compréis." Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban
preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde
llegaron las otras vírgenes diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!" Pero
él respondió: "En verdad os digo que no os conozco. "Velad, pues,
porque no sabéis ni el día ni la hora".
La
prudencia es la virtud, que dispone la razón práctica, para discernir en toda
circunstancia, nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para actuar.
“El hombre cauto medita sus pasos (Prov 14, 15). La prudencia es la regla recta
de la acción, escribe Santo Tomás (Suma de Teología II-II, 47, 2), siguiendo a
Aristóteles. No se confunde ni con la timidez o el temor, ni con la doblez o la
disimulación. Es la prudencia quien guía directamente el juicio de conciencia.
El hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio. Gracias a
esta virtud aplicamos sin error los principios morales a los casos particulares
y superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos
evitar” (Catholic.net, 2020)
Hoy nos
agobian situaciones previsibles, pero anidadas en la conciencia de un descuido
o desmedido interés por acumular fortuna y poder; soslayando la necesidad del
hombre o mujer de a pie: Coronavirus, altos impuestos, reformas, corrupción,
cambio climático y otros agobios en tu mente, asaltan tu Espíritu y tranquila
calma; despertando al prudente en la sombra, adormilado, mientras otros hablan.
No te dejes enredar por la propaganda y la careta. Concéntrate en tu propósito
de vida. El escritor y periodista Gallego Pancho Ledo, deja en sus palabras una
oportuna reflexión para observar: “Se ha dicho, como máxima irrefutable, que la
prudencia es una virtud que debe adornar a todo buen político, ya que lo que el
hacer en la vida pública tenga de aventura será fruto de un análisis anterior
de las circunstancias y el tiempo que rodean ese hacer; pero una vez tomada la
decisión, se hace. En el prudente existen unos valores seguros, claros y
definidos que informan su acción de gobierno. En el prudente predomina la
sensatez, la cordura, la reflexión, el buen juicio, el tacto y la moderación.
Despierta confianza” (Ledo, 2010).
Amigo,
amiga, el prudente se distingue por su recto actuar con los demás. Reconoce la
opinión del otro y encuentra en ella la oportunidad para hacer comunidad, con
dignidad y respeto. El prudente se informa, escucha y reflexiona antes de
decidir. Oye el clamor del otro, en él la voz de Dios, deja sentir un acto de
conversión y perdón. Acojamos el Espíritu emprendedor del Beato Juan XXII, en
su diario del alma. Y Ánimo, cuida ser luz en el camino. El prudente es, “el
que habiéndose propuesto un fin bueno e incluso noble y grande no lo pierde
nunca de vista, logra superar todas las dificultades y llega a buen término; el
que en todo asunto distingue la sustancia y no se deja importunar por los
accidentes; el que une y dirige sus fuerzas para alcanzar la meta; el que como
base de todo esto espera el éxito únicamente de Dios, en quien confía; y aunque
no lo logre todo o no logre nada, sabe que ha obrado bien, y en todo ve la
voluntad y la mayor gloria de Dios (Juan XXII, 1961) .
Dios te Bendiga.
Dios te Bendiga.
José Miguel Ángel
Beltrán Gómez.
RecreaEspíritu…
15/marzo/2020.
La comunidad tiene la palabra. Sol estéreo. 99.1 FM. 11 am-12:30 pm.
Bibliografía
Catholic.net. (14 de marzo de 2020). ¿Qué se necesita
para ser prudente? Obtenido de Catholic.net:
https://www.es.catholic.net/op/articulos/57522/cat/31/que-se-necesita-para-ser-prudente.html#modal
JuanXXII, B. (13 de
agosto de 1961). ¿Qué se necesita para ser prudente? Obtenido de
catholic.net:
https://www.es.catholic.net/op/articulos/57522/cat/31/que-se-necesita-para-ser-prudente.html#modal
Ledo, P. (14 de abril
de 2010). Prudentes y precavidos. Obtenido de elcorreogallego.es:
https://www.elcorreogallego.es/opinion/ecg/prudentes-precavidos/idNoticia-535711