DESPERTAR ÍNTIMO

Poesía de la Vida al Arrullo del Viento

El Prudente Cuida Ser Luz en el Camino…

CCO. Pexeles (2016). Protección. Recuperado de
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Son nuestras prudentes acciones, las que perduran en el tiempo, y dejan huella para ver la luz.  “Yo, la sabiduría, habito con la prudencia y poseo la ciencia y la reflexión” (Proverbios 8, 12).

En estos tiempos modernos, las decisiones son tomadas a la ligera y al vaivén de los hechos; al mundo asombran por el deterioro de los derechos y deberes humanos. Dilapidamos la dignidad humana y violentamos la natural belleza de la creación. Es necesario explorar la virtud de la prudencia en cada acto de nuestra vida, para qué las decisiones del padre de familia, del hijo, del gobernante público, del pastor de la iglesia, del dirigente comunal; en fin, del líder, sean de construcción objetiva del bien, del amor comunitario y no del poder, el descuido y gloria superflua.

Viene a mi memoria la parábola de Jesús en (Mateo 25, 1-13), donde el prudente está preparado para la espera y el combate, ante circunstancias previsibles. En aquel tiempo, dijo Jesús: «Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: "¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!" Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: "Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan." Pero las prudentes replicaron: "No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis." Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!" Pero él respondió: "En verdad os digo que no os conozco. "Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora". 

La prudencia es la virtud, que dispone la razón práctica, para discernir en toda circunstancia, nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para actuar. “El hombre cauto medita sus pasos (Prov 14, 15). La prudencia es la regla recta de la acción, escribe Santo Tomás (Suma de Teología II-II, 47, 2), siguiendo a Aristóteles. No se confunde ni con la timidez o el temor, ni con la doblez o la disimulación. Es la prudencia quien guía directamente el juicio de conciencia. El hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio. Gracias a esta virtud aplicamos sin error los principios morales a los casos particulares y superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar” (Catholic.net, 2020)

Hoy nos agobian situaciones previsibles, pero anidadas en la conciencia de un descuido o desmedido interés por acumular fortuna y poder; soslayando la necesidad del hombre o mujer de a pie: Coronavirus, altos impuestos, reformas, corrupción, cambio climático y otros agobios en tu mente, asaltan tu Espíritu y tranquila calma; despertando al prudente en la sombra, adormilado, mientras otros hablan. No te dejes enredar por la propaganda y la careta. Concéntrate en tu propósito de vida. El escritor y periodista Gallego Pancho Ledo, deja en sus palabras una oportuna reflexión para observar: “Se ha dicho, como máxima irrefutable, que la prudencia es una virtud que debe adornar a todo buen político, ya que lo que el hacer en la vida pública tenga de aventura será fruto de un análisis anterior de las circunstancias y el tiempo que rodean ese hacer; pero una vez tomada la decisión, se hace. En el prudente existen unos valores seguros, claros y definidos que informan su acción de gobierno. En el prudente predomina la sensatez, la cordura, la reflexión, el buen juicio, el tacto y la moderación. Despierta confianza” (Ledo, 2010).
 
Amigo, amiga, el prudente se distingue por su recto actuar con los demás. Reconoce la opinión del otro y encuentra en ella la oportunidad para hacer comunidad, con dignidad y respeto. El prudente se informa, escucha y reflexiona antes de decidir. Oye el clamor del otro, en él la voz de Dios, deja sentir un acto de conversión y perdón. Acojamos el Espíritu emprendedor del Beato Juan XXII, en su diario del alma. Y Ánimo, cuida ser luz en el camino. El prudente es, “el que habiéndose propuesto un fin bueno e incluso noble y grande no lo pierde nunca de vista, logra superar todas las dificultades y llega a buen término; el que en todo asunto distingue la sustancia y no se deja importunar por los accidentes; el que une y dirige sus fuerzas para alcanzar la meta; el que como base de todo esto espera el éxito únicamente de Dios, en quien confía; y aunque no lo logre todo o no logre nada, sabe que ha obrado bien, y en todo ve la voluntad y la mayor gloria de Dios (Juan XXII, 1961)
Dios te Bendiga.
José Miguel Ángel Beltrán Gómez.
RecreaEspíritu…
15/marzo/2020. La comunidad tiene la palabra. Sol estéreo. 99.1 FM. 11 am-12:30 pm.

Bibliografía

Catholic.net. (14 de marzo de 2020). ¿Qué se necesita para ser prudente? Obtenido de Catholic.net: https://www.es.catholic.net/op/articulos/57522/cat/31/que-se-necesita-para-ser-prudente.html#modal
JuanXXII, B. (13 de agosto de 1961). ¿Qué se necesita para ser prudente? Obtenido de catholic.net: https://www.es.catholic.net/op/articulos/57522/cat/31/que-se-necesita-para-ser-prudente.html#modal
Ledo, P. (14 de abril de 2010). Prudentes y precavidos. Obtenido de elcorreogallego.es: https://www.elcorreogallego.es/opinion/ecg/prudentes-precavidos/idNoticia-535711


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