“Enseña al niño el buen camino, y aun cuando sea viejo no se apartará de él” (Proverbios 22, 6)
Al acompañar a mi sobrino de seis años al colegio, observo con gratitud a esas madres que en la entrada principal dejan a sus pequeños hijos, al cuidado de otras mamas que, desde su papel docente, les brindan un nuevo horizonte de conocimientos y aprendizajes de valor. Allí mi mirada se fija en la ternura con que las mamitas se entregan, en besos, abrazos y Bendición, y con ello, la fe de estar bien en ese hogar mágico lleno de carismas, liderazgos y aventuras.
Viene entonces, a mi memoria aquellos instantes vividos con mi querida madre y al desprendido amor, que sembró y dio a sus traviesos hijos; reafirmando en mi ser que, el amor de madre, como el amor de Dios, son inagotables compañías de las que debo alimentarme, para ser mejor y luz de vida.
Dice un refrán
popular “todo tiempo pasado fue mejor”. Talvez una expresión nostálgica, por
los sinsabores que nos dieron la oportunidad, para superar crisis; como también,
la de recordar las buenas acciones, que permiten valorar las cosas de la
cotidianidad, en el ejemplo de los padres desbordados de amor con nosotros, al
entregarnos en medio del sacrificio lo que hoy nos hace, el hombre o mujer que
Bendice, agradece y da lo mejor de sí, alimentado al espíritu más que al
material ego y la vanidad de abrazar la tecnología como tu nueva mamá.
A propósito de madres y tecnología podríamos decir que hoy más que nunca, se constituyen en esenciales viajeros, en las que depositamos la confianza y la fe, para direccionar nuestros comportamientos y abrir los ojos a las novedades del mundo y a su desenfrenado avance tecnológico y científico. La tecnología es una herramienta que nos facilita la existencia, pero no es tu mamá. En cambio, tus padres son la fuente de sabiduría, amor e inagotable vida que transforma, moldea y revitaliza la vida en cada hijo, dejando huella de paz duradera y consuelo eterno.
Querida madre, la tecnología jamás podrá reemplazar el amor que tu corazón sabe
dar. “Ama hasta que tu duela. Si te duele es buena señal” (Madre Teresa de
Calcuta). Valorar a mamá es descubrir y afianzar en mi corazón el amor de Dios.
La siguiente historia nos adentra en el callejón tecnológico, pero nos da luz
cuando abrazo el calor y amor de mamá, para dar valor a cada paso que doy. “Carlitos
se va a vivir al mundo virtual”
Carlitos es un niño al
que le encanta jugar al fútbol con sus amigos. Siempre estaba viviendo grandes
aventuras de un lado a otro y, cuando no sacaba la bicicleta para hacer una
nueva excursión, era porque ese día había elegido los patines en línea.
Sin embargo, cuando tenía
10 años descubrió la tecnología. Al principio solo usaba Internet para ver
vídeos de sus ídolos de fútbol y saltos con bicicleta, pero con el tiempo, cada
vez lo usaba más.
Al cabo de un año sus
padres le regalaron un móvil y en el colegio siempre le regañaba por no prestar
atención a la profesora y las tardes las pasaba encerrado en casa jugando al
Fortnite.
Poco a poco fue perdiendo
amigos. Incluso, su aspecto, que siempre había sido atlético, cambió.
Sus padres le pedían que saliera
a la calle a jugar y que hacer deporte y ver a sus amigos era muy importante.
Pero no hacía caso.
Sin embargo, un apagón en
toda la ciudad fue la vuelta a la realidad de Carlitos. Al principio se enfadó
mucho, pero según pasaban las horas recordó la euforia de marcar un gol o las
risas que compartía con sus amigos.
Fue entonces cuando
escuchó una voz que venía de la cocina. No la reconocía muy bien, pero pensó
que sería de su madre. Y al pensar en ella, entendió que había pasado tantas
horas frente al ordenador que ya no reconocía ni la voz de su madre. Eso sí que
le puso muy triste.
Desde entonces solo
dedicó un rato corto al día a jugar con videojuegos, porque ahora para Carlitos
era más importante ir al parque de la mano de su mamá. ¡Feliz día mamá! Dios te
Bendiga.
José Miguel Ángel Beltrán
Gómez.
RecreaEspíritu…
08/mayo/2022. La
comunidad tiene la palabra. Sol estéreo. 99.1 FM. 11 am-12:30 pm.