“No tratamos de agradar a la gente, sino a Dios, que examina nuestros corazones” (1 Tesalonicenses 2, 4)
Cuesta tomar decisiones, pero decidir es una constante en la vida diaria. Serán más sabias si desarrollas esta habilidad y la hace tú aliada en los momentos críticos o de pánico, frente a qué camino tomar. Hasta los más osados, expertos, calmados, emprendedores y entusiastas, cometemos errores en las acciones más importantes de la vida y del trabajo. Nos invade el miedo, tanto en las decisiones conscientes o inconscientes que, por la carga de emociones espontaneas e incontrolables, nos pueden llevar a decidir incorrectamente. Afirma el psicólogo, mentor y emprendedor Álvaro Mendoza. “la mayoría de las veces en que nos equivocamos es porque tomamos una decisión basada en el miedo, no en la convicción, no en la seguridad de hacer lo correcto. El error está en el origen”.





