“El que obra la verdad se acerca a la luz… actúa como Dios quiere” (San Juan 3, 21)
Una de las mayores preocupaciones que confronta al Ser humano con su tranquilidad, es la capacidad de perdonar y con ello la intensidad de amar. ¿perdonas o anidas en tu corazón, telarañas que te carcomen tu progreso? Aprovecha cada tiempo y momento para detallar caminos de perdón, estos te abrirán puertas de paz y amor en la consolidación de tu proyecto de vida. Perdonar es tarea difícil, pero no imposible. Nuestra condición humana por lo general, nos empuja al orgullo, al desamor, al desquite, a los deseos de venganza, al odio, a la soberbia, a responder golpe con golpe, nos lleva hasta herir el amor propio. Sin embargo, es posible perdonar si contamos con la ayuda de Dios y colocamos una dosis de humildad. Busquemos en la oración la humildad de Jesús para perdonar.
Un día, alguien hirió a Lamec, y él se vengó
resentido, lo mató y dijo: “A un hombre maté por haberme herido, Sí siete veces
será vengado Caín, Lamec lo será setenta veces siete” (Génesis 4, 23-24). La
filosofía de Lamec era: “si me hieres, te hiero, y no sólo una vez sino setenta
veces siete”. Este pasaje de la Biblia, nos refleja el acontecer diario de
nuestra sociedad. Por cualquier circunstancia se promueven sentimientos de odio
y venganza; apartando la justicia social, el perdón y la reconciliación. El
espíritu de la venganza no se satisface nunca, es más: no funciona. Cuando la
violencia desenfrenada se apodera de la vida, todo se deshace y la vida se
desintegra.
Como Lamec, más de una vez, Pedro había sido herido
por alguien cercano. Así que, se acercó a Jesús y le pregunto: “¿Señor, cuantas
veces tengo que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete
veces? Jesús le dijo: “No te digo hasta siete veces sino hasta setenta veces
siete”. (Mateo 18, 21-22). Sencillamente Jesús nos enseña a perdonar siempre. El
Padre Fabio Giraldo en homilía a este evangelio nos indica cinco aclaraciones para
que logremos perdonar setenta veces siete.
1.- Perdonar
no significa olvidar. Es
difícil olvidar algo que nos hicieron: un engaño, una traición, unas palabras
duras e hirientes; los seres humanos tenemos buena memoria para recordar lo
malo y pésima memoria para evocar lo bueno. Una clave para perdonar es recordar
en paz. Si recuerdo en paz, la herida se cerró. Pero si recuerdo con dolor,
rabia, indignación, la herida está abierta, todavía no hemos perdonado. Pide a
Dios que puedas recordar en paz para afianzar el perdón en tu corazón.
2.- No traigas al presente lo que ya quedo atrás. Para que traer al presente ese impase ya superado.
Por ejemplo, esa infidelidad de hace 15 años: ya la hablaron, la dialogaron, se
pidieron perdón, ¿Por qué abrir la herida de nuevo? No vamos a cambiar un minuto
de nuestro pasado ni a modificar una página de nuestro libro ya leído. Las
heridas cuando se abren se infectan. Ama tu presente, el pasado es historia, recordémoslo
en paz para no volver a caer en él.
3.- El perdón
necesita dos humildades. De
quien lo pide y de quien lo da. Necesitamos humildad para agachar la cabeza y
pedir perdón. Aunque la verdad es que nos baila la lengua para desquitarnos. En
ocasiones perdonamos después de una cantaleta o un reproche. A veces pedimos perdón,
pero silenciamos la mirada. Entonces, no estoy perdonando. Dios perdona tu
pecado y listo, Él siempre te busca, aunque falles mil veces. Bajar la cabeza
es de valientes, hazlo y el amor llegara a tu ventana.
4.- El
amor verdadero se llama perdón: el límite
del amor es el perdón. Es decir, uno ama hasta donde soy capaz de perdonar.
Cuando ya no se es capaza de perdonar el amor inmediatamente se termina. Cuando
perdemos la oportunidad de volver la amistad con esa amiga, hablar con el
querido hermano o reconciliar con tu pareja, es porque excedimos el límite del
amor y dejamos de perdonar. Dios no se cansa de amarnos, porque no se cansa de
perdonarnos. Práctica el perdón y el amor caerá como el roció sobre la nieve.
Y,
5.- Perdona
sin excusas: Llama la atención el actuar del hombre de
hoy. Ante una ofensa, cada vez menos pedimos perdón, incluso cuando te
reclaman. Arreglamos todo con una disculpa
o un lo siento y sacamos a relucir una buena excusa: es que el estrés, la
pandemia, tengo muchas preocupaciones, la situación económica, los problemas que
traigo de la calle o tuve un día muy difícil en el trabajo; en fin, arraigamos
hábitos para eludir la bella experiencia de perdonar. Pedimos perdón porque nos
duele lo causado al otro y no quiere que vuelva a suceder. Cuándo amas de
verdad, te arrepientes y perdonas de corazón. Ponte en el lugar del otro y
siente su dolor y si duele, jamás volverás a hacerle daño. El mejor regalo que
puedes dar es el perdón. Sanas y te desinfectas de esos sentimientos malos y
ofensivos que contaminan tu corazón. Tu mejor amigo y estabilidad emocional se beneficiarán,
porque te sientes liviano y en paz. Pide a Dios la gracia de perdonar setenta
veces siete, es decir, siempre. Dios te Bendiga.
José Miguel Ángel Beltrán Gómez.
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