“Enséñame tus caminos, Señor, para que yo camine en la verdad” (Sal 86 (85), 11)
Mira atrás y encontrarás en el año que termino, que
obtuviste más Bendiciones que situaciones negativas. Deja de darle vueltas, a
esos momentos críticos y problemáticos y reconoce con mayor énfasis, aquellos
recuerdos positivos, en los que recibiste la solidaridad y amor de otros; como
también, en las que tú, te diste sin medida a quien requirió de tu ayuda.
Recuerdo ahora a mi querida madre, en medio de los grandes inconvenientes,
luego de la pérdida de nuestro señor padre. Ella, sin renegar; pero agradecida
con Dios para asumir la rienda del brioso hogar y la oportunidad de evangelizar
en las dificultades; nos mostró que la felicidad esta en las cosas sencillas,
cuando comprendemos que Dios todo lo dispone para el bien del otro. Éramos
felices con los pocos bienes que recibíamos, porque llegaban con amor y fruto
de la oración constante de mamá.
Hay que ser grandes y fuertes en las tribulaciones.
Con la ayuda y confianza en Dios, toda acción termina bien. Tienes una mente
brillante e inteligente que guarda lo bueno y desecha lo malo. Aprovéchala para
cultivar en ella, esas cosas buenas y momentos felices que, te sirven de coraza
para superar la adversidad. El año que paso, ya se fue, y aunque hemos pasado
instantes trágicos, debemos realizar un inventario de los sucesos buenos y dar
gracias a Dios por todos los bellos detalles que él nos dio; aportan a nuestros
objetivos y progreso de la familia y del país. El padre Roberto Sipols, en la
voz de Jesús, recomienda unos ejercicios que, si los sigues lograrás iluminar
el año para alcanzar la prosperidad:
Un primer paso que ilumina, es darte cuenta que
estas vivo y Bendecido por Dios, para continuar trabajando, en tus proyectos.
Confía en la Providencia de Dios, él te guía y sabe lo que necesitas.
Una segunda acción: realiza un inventario de todas
las cosas positivas y buenas que recibiste. Ellas serán soporte para buscar las
salidas en los nuevos objetivos.
Un tercer hecho, Realiza un presupuesto de tus
ingresos y egresos, como también, hazlo con tus esfuerzos y dones. Dios provee,
como viste a las flores del campo.
Un cuarto acto, ponte metas: afectivas, profesionales
y familiares. Sueña para ti, para los demás y tu país. Sueña para hacer feliz a
los otros o lograr el viaje de tu vida. A Dios le encanta la gente que sueña y
proyecta.
Y un quinto episodio, dedícate a la sanación:
perdona todo lo que tengas que perdonar. Comienza tu año sin ningún odio ni
resentimiento. Restaura tus relaciones, perdonando en tu interior y dejando de
tener rencor, esta se logra en el momento que Bendices. Di siempre, Dios te
Bendiga, las veces que sean necesarias y sanará tu corazón. Cuando pasas del yo
te perdono al yo Te Bendigo, dejaras de hablar mal de esa persona que te hizo
daño.
Deja de darle vuelta a las cosas tristes. Pasa la
hoja, y concéntrate en los actos buenos que te da la vida y los tuyos, en este
nuevo año. Conserva en el corazón lo bueno, te recrea y restaura. Recuerda la
promesa del Señor, “Las misericordias de Dios, nuevas son cada mañana”
(Lamentaciones 3, 22-23), y disfruta de un buen año con un corazón de niño. Dios
te Bendiga.
José Miguel Ángel Beltrán Gómez.
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