“Ayer era inteligente, así que quería cambiar el mundo. Hoy soy sabio, así que me estoy cambiando” (Rumi.)
Cuantos disgustos y sin sabores nos ahorraríamos, si actuáramos en consecuencia al poder soberano, de aquellas personas que, en cada instante de nuestras vidas, se cruzan en los caminos y nos dejan su sabiduría sin darnos cuenta. Esas huellas de las que quisiéramos impregnarnos, para vivir el gozo del que ellos disfrutan, al hacer con amor y pasión, lo que para mí parece ser, un simple ejercicio de placer.