El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad! Por tanto, digo: «El Señor es todo lo que tengo. ¡En él esperaré!» (Lamentaciones 3, 22-24)
Así, lápiz y papel dejaron claro, las acciones para el año que comienza, con un plato de variadas comidas y junto a la familia que acompaña, la pasión de vivir, el libre deseo de seguir amando la riqueza de la creación. En tinta indeleble las metas del año, sellan este instante de renovada conversión y ante la infinita misericordia que Cristo da. Para ti amigo, Prospero y Venturoso año, de la mano de Jesús y con la convicción de que, eres el mejor ser de Amor. Un eco de melodiosa voz, me volvió a la mesa... ¡FELIZ AÑO! Entre abrazos y llamadas, te deseo que la felicidad, el dolor y la suave brisa, sean el aceite que ilumine tus sueños y, bajo la luz de la palabra de Dios, fortalezcas tu Espíritu al servicio de todos. Gracias por compartir y acompañar mi peregrinar.