“Escuchad, hijos, las enseñanzas paternas, atended para adquirir inteligencia” (Proverbios 4, 1)
Afirmaba Juan Jacobo Rousseau, “Un buen padre vale por cien maestros”. Sin lugar a dudas, las decisiones más importantes de nuestras vidas, las hemos tomado, por el ejemplo o consejo que alguna vez, los Padres nos dieron, en la niñez, adolescencia, incluso ya en la madurez. Seamos constantes, en esas sinceras palabras de amor, cariño y afecto; que acerquen la amistad de tus hijos, a sus sueños más sentidos, así se enfaden o desesperen. Siempre incúlcales sus principios, valores y reconozca el valor de recuperar su vida interior, bajo la luz de Dios. La siguiente historia de Jorge Pérez Campo, “Su empleo”, lleva consigo ese misterioso mensaje del Padre, cuando te retas a alcanzar tu independencia. Sin embargo, en el espinoso camino, saltan en el corazón, esos reiterados consejos que moldearon los intrépidos momentos y que, hoy te dan el valor, para seguir tu pasión.
Había un joven que no le gustaba vivir en casa de sus padres, por la constante irritación y exigencias de su parte; constantemente le daba órdenes como: si no vas a usar el ventilador, apágalo. La televisión está encendida en la sala donde no hay nadie, apágala. No gastes tanto el agua. Al joven no le gustaba que su padre lo molestará, por esos pequeños detalles. Sin embargo, tuvo que tolerar, hasta que cierto día recibió una invitación, para una entrevista de trabajo. Tan pronto como consiga el trabajo voy a dejar esta ciudad y al fin no escucharé ni una queja más de mis padres, fue lo que pensó.
Cuando
iba camino a la entrevista, el Padre lo aconsejo: responde a las preguntas que
se te hagan, sin dudar, incluso si no sabes la respuesta. Tú, contesta con
confianza. Cuando el joven llego al lugar de la entrevista se dio cuenta de que
no habían guardias de seguridad en la puerta; aunque la puerta estaba abierta
por afuera. Probablemente era una molestia para las personas que pasaban o
entraban por ahí, por lo que cerró la puerta y entró a la oficina.
En
ambos lados del camino pudo ver unas hermosas flores, pero el jardinero había
dejado la llave abierta y el agua de la manguera no dejaba de correr. El agua
se desbordaba en el camino y el joven levanto la manguera, la cambio de lugar y
la puso cerca de otras plantas que la necesitaban.
No
había nadie en la recepción, sin embargo, había un anuncio de que la entrevista
sería en el primer piso. Mientras subía la escalera, vio una luz que todavía
estaba encendida a plenas diez de la mañana y que probablemente así estuvo
desde la noche anterior. Entonces, el joven recordó la advertencia de su Padre:
¿por qué está saliendo de la sala sin apagar la luz? Parecía que podía
escucharlo en todo momento y sintiéndose molesto por ese pensamiento, busco el
interruptor y apago la luz. Ya que llego al primer piso, vio a varias personas
sentadas que estaban esperando su turno. El miro la cantidad de personas y se
preguntó ¿si tendría alguna posibilidad de poder conseguir el trabajo? Cuando
entro en el pasillo, piso un tapete de bienvenida que estaba colocado cerca de
la puerta. Pero, se dio cuenta de que estaba boca abajo. Recordando a su Padre,
enderezó el tapete, algo irritado.
Ya
en el pasillo, vio a muchas personas entrar a la sala de la entrevista y, salir
inmediatamente por la otra puerta. Así que no había manera de que alguien le
dijera lo que se estaba preguntando en la entrevista. Cuando llego su turno. Él
se puso delante del entrevistador con algo de preocupación. El responsable tomó
los papeles y sin verlos le pregunto: ¿Cuándo puedes empezar a trabajar? A lo
que el joven pensó: ¿será una pregunta capciosa que se está haciendo en la
entrevista? O ¿es en serio que me está ofreciendo el trabajo? ¿Qué está
pensando?, preguntó el entrevistador. Aquí no hacemos preguntas a nadie. Porque
creemos que a través de ellas no podremos evaluar las habilidades de alguien.
Por lo tanto, nuestra prueba es evaluar las actitudes de la persona. Hicimos
algunas pruebas basadas en el comportamiento de los candidatos y observamos a
todos a través de cámaras de vigilancia. Ninguno de los que vinieron hoy hizo
nada para arreglar la puerta, la manguera, el tapete de bienvenida o las luces
que estaban funcionando inútilmente. Tú fuiste el único que lo hizo. Por eso
decidimos seleccionarte para el trabajo.
A
veces sueles molestarte con tus Padres, por la disciplina que te demandan.
Pero, llega un punto en el que te das cuenta, de que, gracias a ellos, a esos
consejos; puedes beneficiarte de diferentes formas a largo plazo. Y,
probablemente los veías como villanos, cuando tenías cinco años. Pero, cuando
creciste se convirtieron en tus guías de la vida. Así que, de nada sirve, que
odies o lastimes a tus padres con palabras, por lo que viviste y que después te
lamentes cuando ya no estén. Mejor agradece el esfuerzo que hicieron y siempre
trátalos bien. Su
Empleo y Proyecto de vida, Gracias a Dios y a Tus Padres. Dios te Bendiga.
José Miguel Ángel Beltrán
Gómez.
RecreaEspíritu…
Imagen de Mohamed Hassan en Pixabay