“Brille de tal modo su luz delante de los hombres.” (Mt 5, 16)
Un hombre se acercó al vehículo y se dispuso a limpiar el parabrisas; a pesar, de señalarle que, por favor, no lo hiciera. Una vez terminada la limpieza y con graciosa sonrisa, se acercó al conductor, estiró su mano y, sin mediar palabra; dio las gracias, por la oportunidad de trabajar.
Ante aquella acción, el
acompañante con temerosa calma; bajo la ventana y pagó al atrevido comediante,
su valeroso acto de buen servicio.
Acto seguido, el semáforo
abrió su lente verde y, dio paso, al apresurado soñador; como a las apremiantes
necesidades del ser humano, aprendidas, al detener la marcha, para ver en otra
camisa, las opciones de vida.
De tal manera que,
sonríe, y da gracias a Dios, como al limpiador de vidrios, por mostrarnos su
luz, para trascender.
Tú y yo, somos luz en
cada instante de la vida. Sin importar a que te dediques o cuál sea tu
propósito, el universo y las demás personas, te necesitan; aunque no
comprendamos, por qué estamos ahí, iluminando a otros. Se fuente de luz y amor,
como lo es, Dios y su Palabra. Dios te Bendiga.
José Miguel Ángel Beltrán
Gómez.
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