“La autenticidad de nuestra vida cristiana está en nuestro testimonio”
(Minutos de Amor)
El éxito de una comunidad se sustenta, en la capacidad que ésta tiene, para involucrarse en su propio desarrollo y fortalecimiento de las virtudes que le mueven a vivir en Común Unidad.
Dicen los expertos que
las virtudes, son aquellos valores que las personas practican y las hacen
habilidosas, vigorosas, integras, inteligentes; actuando de manera correcta y justa,
en los distintos aspectos en que se relaciona incluso, con la comunidad donde
sus objetivos logran. Busca que tu colectividad también corresponda, a la
energía y amor que irradias para tu propio Ser.
En un mundo que cierra
sus filas al consumismo, a lo denominado “practico e inmediato”, a fomentar el
enriquecimiento sin escrúpulo y a formalizar actos que desaprueba la moral
pública; es necesario afianzar en cada líder, esas virtudes que como ciudadano lo
hacen único y con criterio, para compartir en las comunidades que lideran, esas
buenas actitudes y hechos positivos que le dan plenitud en su vida personal.
La comunidad como el
individuo, nos aislamos vertiginosamente y caemos en esa nefasta característica
de nuestro mundo moderno, el individualismo. En nuestra infancia deseábamos
llegar del colegio para irnos a jugar con la bicicleta, con los amigos de la
cuadra, al partido de futbol, al encuentro con las demás personas. Hoy los
jóvenes quieren llegar del colegio a encerrarse en su cuarto con el teléfono
móvil. Nos está costando comunicarnos con los demás y preferimos acomodarnos en
nuestra plataforma virtual, con Netflix, con las redes sociales y el tiempo se
va en pura vanidad y aislados en nuestro propio ego. Si bien es cierto, el
mundo digital es oportunidad para crecer, también es herramienta que deforma
nuestra sensibilidad y nos vuelve individualistas.
Pablo en colosenses 3,
12-17 nos llama a “revestirnos de compasión entrañable, bondad, humildad,
mansedumbre, paciencia”. A “sobrellevarnos mutuamente y perdonarse cuando
alguno tenga quejas contra otro”. Es decir, a vivir y a sentirnos en comunidad,
aun de nuestras propias debilidades; nos necesitamos hasta para perdonarnos.
Que, el convivir en comunidad o perdonarse no sea un imperativo de ley, sino
que surja de mi sanado corazón y como Jesús, lleno del amor de Dios, pueda contribuir
a los demás, mi prosperidad y paz interior.
Siéntete fuerte y a gusto,
compartiendo con tu comunidad esas virtudes que en tu Ser brillan y te hacen
ver un hombre de bien. Haz de la paciencia un instrumento para saber
esperar, lo que Dios sabe que es bueno para ti. Practica la gratitud por
cada detalle que recibes y por las personas que te rodean. Se bondadoso,
participando tus dones y riquezas de manera generosa, con quien se cruza en tu
camino. Y perdona desde tu interior, cuantas veces sea necesario, te
libera del dolor y el rencor. Bendice y amate, como Dios cuida de tu amor. Dios
te Bendiga.
José Miguel Ángel Beltrán Gómez.
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