“Hay quienes se consideran perfectos, pero es sólo
porque exigen menos de sí mismos” (Hermann Hesse).
Un día
un campesino, gran experto en la agricultura, fue a ver a Dios y le dijo: –
Dios, has creado el mundo, pero no eres un campesino y no conoces los
principios de la agricultura como yo. Te podría enseñar muchas cosas. – ¿Cuál
es tu consejo? – dijo Dios
El
granjero le respondió: – Dame un año y déjame que se hagan las cosas como yo
quiero y veamos qué pasa. Si todo funciona como creo, ya no existirá la
pobreza.
Dios
aceptó y le concedió al campesino un año. Éste pidió a Dios que le ayudase con
las mejores condiciones posibles. Ni tormentas, ni ventarrones, ni otros
peligros para el grano. Todo lo más favorable y agradable posible. El campesino
estaba muy contento con el trato. El trigo crecía altísimo. Cuando quería sol,
había sol; cuando quería lluvia, había tanta lluvia como hiciera falta. Ese año
todo fue perfecto, ¡matemáticamente perfecto!
El
trigo crecía tan alto que el granjero fue a ver a Dios y le dijo: – ¡Mira!,
tendremos tanto grano que aunque la gente no trabaje en 10 años, aun así
tendremos comida suficiente.
Pero la
sorpresa fue grande cuando se cosechó las plantas grandotes y no hubo grano
alguno dentro de ellas. El granjero no entendió nada y preguntó a Dios: – ¿Qué
pasó?, ¿qué ha causado esta desgracia?
Dios le
respondió: – Como no hubo desafío, no hubo conflicto, ni fricción, como tú
evitaste todo lo que era malo, el trigo se volvió impotente. Un poco de lucha
es imprescindible. Las tormentas, los truenos, los relámpagos, son necesarios,
porque sacuden el alma dentro del trigo.
Maestro:
todas las verdades son semiverdades; todo es doble; la vida une los dos polos
opuestos. La noche es tan necesaria como el día y los días de tristeza son tan
esenciales como los días de felicidad.
Desde que te levantas y hasta que declina el día,
siempre tendrás nuevos retos que afrontar para alcanzar la perfección. Aunque
leas un mismo texto repetidas veces o vayas por el mismo camino una y otra vez;
alguna palabra o detalle, te hará cambiar de opinión y fortalecerá tu misión,
cuando por las líneas o por el camino vuelvas. La perfección se alcanza en el
tropezar y volver a levantar la cabeza. En disfrutar los altos y bajos que la
vida te depara. En descubrir tu potencial para no dejarte atropellar por la
comodidad y ocultas migajas de prosperidad.
Tres acciones que debes emprender para perfeccionar y
conquistar cualquier campo que te toque arar:
1.- Saber
quién eres: el campesino creía
conocer quién era, sin embargo quiso cosechar sin el mayor esfuerzo y cosecho
vanidad. Pregúntate ¿quién soy, cual es mi misión y verdadera vocación?
Conocernos es vital para comprender, a que me ha enviado el Señor a este mundo.
Por ejemplo: soy creyente, católico, docente, un hijo amado de Dios. En la
parábola del sembrador (Mt 13, 1-8), el sembrador reconoce quién es. Es
sembrador y comprende su función.
2. Busca
hacer bien tu trabajo. Aunque, el campesino sabe
su trabajo, dejó de lado, lo que éste representa para lograr una cosecha
fructífera. Pacto sembrar con las mejores posibilidades y frustró la
creatividad y esfuerzo de la naturaleza al madurar el fruto. Sal y haz
correctamente tu tarea, evitando la mediocridad. Puede ser algo grande o
pequeño, pero hazlo a la perfección. Haz tu función con amor. Perfecciona cada
día tú trabajo.
3. Afina
tu parte. Aunque, seas experto en tu arte, perfila los
detalles para que la obra logre el beneficio esperado. Quizá, no todo sea bien
recibido, pero que tu madurez, fructifique en la comunidad y en quien
satisfecho, te valora. En ocasiones nos decepcionamos, porque no nos entienden,
o cuando no encontramos apoyo; sin embargo, aún así, haz bien la parte que te
toca en la cadena de valor. Si soy padre de familia, hijo, jefe o te
corresponde guiar a otros; haz eficazmente lo que te toca. Pule tu parte y
satisfacción hallarás.
Cada día recuerda el valor de tu profesión y
agradece por la oportunidad de servir. El médico, salva vidas, no promueve la
muerte; el profesor sale a enseñar, no a engañar; el padre de familia responde
por su rebaño, es fiel y construye el hogar; el trabajador realiza su función
con amor, no es holgazán de sus propias trampas. La productividad se mide por
la calidad de tu trabajo y no por andar metido en lo que no te toca. Dios te
Bendiga.
José Miguel Ángel
Beltrán Gómez.
RecreaEspíritu…
02/agosto/2020. La comunidad tiene la palabra. Sol
estéreo. 99.1 FM. 11 am-12:30 pm.
Bibliografía
Scharrenberg, J. (07 de 05 de 2010). Perfección.
Obtenido de Contarcuentos.com. recuperado de
https://contarcuentos.com/2010/05/la-perfeccion/