“En el diario caminar Dios va conmigo” (del libro: DESEPRTAR ÍNTIMO, poema “En Mí…”)
Nos pasamos la vida esperando el momento preciso para encontrar a Dios. Viene, y lo dejamos pasar. Sin darnos cuenta y, aún de nuestra poca fe, Él está ahí siempre dispuesto: en los rostros de los seres queridos, amigos y hasta en la hoja de un árbol que a la raíz fecunda. Hoy te propongo, detener un instante tu marcha diaria de agite y afán.
Concéntrate en aquel detalle que te dio luz, cuando más necesitabas resolver un problema, talvez sin solución; pero, del apuro te saco. Con toda seguridad, Dios te tendió la mano como muestra de su cariño y amor. Dedica un tiempo, unos cinco minutos a dialogar con Dios, así le conocerás más y él te abrirá el corazón, porque también desea conocerte como tú a él.
El acercarnos nos brinda la confianza necesaria, y en la intimidad hacer lo que Dios manda. La historia “El niño que quería conocer a Dios” que a continuación te comparto, tomada de la web “ondasdonbosco.com”, nos adentra en esos bellos viajes que, sin ir tan lejos nos brindan la oportunidad de sonreír y ser feliz, cuando el encuentro llenó la necesidad de ver a Dios.
Había una vez un pequeño niño que quería conocer a Dios. Él sabía que había que hacer un largo viaje donde vivía Dios, entonces empaqueto una maleta con panecillo y un sixpac de jugos y emprendió su partida.
Cuando había recorrido
cerca de 3 cuadras, se encontró con una viejecita. Ella estaba sentada en el
parque, observando algunas palomas. El niño se sentó junto a ella abrió su
maleta. él estaba a punto de tomar su jugo cuando noto que la viejecita se veía
con hambre, entonces él le ofreció un panecillo. Ella lo acepto muy agradecida.
Su sonrisa era tan bella que el niño quería ver esa sonrisa nuevamente,
entonces le ofreció a ella un jugo. Nuevamente ella volvió a esbozar su hermosa
sonrisa. Él niño estaba encantado.
Ellos se quedaron allí
toda la tarde comiendo y sonriendo, pero ninguno de ellos decía palabra alguna.
Cuando empezó a
oscurecer, el niño estaba cansado y se levantó para irse. Antes de haber dado
unos pasos más, él se dio la vuelta y corrió hacia la viejecita y le dio un
abrazo. Ella le dio uno más grande y hermosa sonrisa.
Cuando el niño abrió
la puerta de su casa, su madre estaba sorprendida por la felicidad que el niño
demostraba. Ella le pregunto cuál era la causa. Él le contesto:
He comido con Dios, ¿y
sabes qué? ¡Ella tiene la sonrisa más bella que he visto!, mientras tanto la
viejecita, también con mucha felicidad, regreso a su casa. Su hijo estaba
anonadado por la paz que mostraba en su cara y pregunto.
– Madre ¿qué hiciste
el día de hoy que te ha hecho tan feliz?
Ella contesto – Yo
comí panecillos en el parque con Dios, ¿y sabes qué?, Él es más joven de lo que
esperaba.
Déjate
encontrar por Dios y tu sonrisa cambiará. Dios te Bendiga.
José Miguel Ángel Beltrán Gómez.
RecreaEspíritu…
Publicado el 20/febrero/2022. En el programa “La comunidad tiene la palabra”. Sol estéreo. 99.1 FM. 11 am-12:30 pm. Emisora comunal de Sogamoso-Boyacá.