El 30 de septiembre se conmemora un aniversario más
del Presbítero y doctor de la Iglesia San Jerónimo, de quien se rescata esta
célebre frase “El desconocimiento de las Escrituras es el desconocimiento de
Dios”. En una oportunidad Jesucristo la pregunta "¿A qué religión
pertenece? Él le respondió: "Soy cristiano – católico", y Jesús le
dijo: "No es verdad". Que borren su nombre de la lista de los
cristianos católicos. No es cristiano sino pagano, porque sus lecturas son todas
paganas. Tiene tiempo para leer a Virgilio, Cicerón y Homero, pero no encuentra
tiempo para leer las Sagradas Escrituras"
De este Santo también se recuerda una bonita
historia que me conmueve a vivir la vida, con el único afán de ofrecer a Dios
todo aquello que me aparta de su infinito amor. Se cuenta que una noche de Navidad,
después de que los fieles se fueron de la gruta de Belén, el santo se quedó
allí solo rezando y le pareció que el Niño Jesús le decía: "Jerónimo ¿qué
me vas a regalar en mi cumpleaños?". Él respondió: "Señor te regalo
mi salud, mi fama, mi honor, para que dispongas de todo como mejor te
parezca". El Niño Jesús añadió: "¿Y ya no me regalas nada más?".
Oh mi amado Salvador, exclamó el anciano, por Ti repartí ya mis bienes entre
los pobres. Por Ti he dedicado mi tiempo a estudiar las Sagradas Escrituras...
¿Qué más te puedo regalar? Si quisieras, te daría mi cuerpo para que lo
quemaras en una hoguera y así poder desgastarme todo por Ti". El Divino
Niño le dijo: "Jerónimo: regálame tus pecados para perdonártelos". El
santo al oír esto se echó a llorar de emoción y exclamaba: "¡Loco tienes
que estar de amor, cuando me pides esto!". Y se dio cuenta de que lo que
más deseaba Dios que le ofrezcamos los pecadores es un corazón humillado y
arrepentido, que le pide perdón por las faltas cometidas
El llamado hoy, es a Revisar nuestro actuar, talvez
brillamos por el poder y el tener; pero nuestro ser se ahoga en las lágrimas de
un duro corazón y con ello hacer del pecado un hábito cotidiano. Date un minuto
a pensar que puedo entregar a Dios: talvez su rabia, mal genio, la crítica
malsana, el orgullo, la prepotencia o la falta de perdón; siempre hay algo que
podemos entregar a Dios. Cuando entregamos con fe nuestro pecado, Dios lo
transforma en una gracia especial y nos hace personas maravillosas y buenas. Si
le decimos Señor yo ten entrego mi rabia, él te dará alegría, tranquilidad y
paz; Señor yo te quiero entregar mi orgullo, entonces que nos devuelve el
señor, la humildad, la sencillez. Anímate al encuentro con la Sagrada
Escritura, nos abre los ojos para que entreguemos nuestro pecado, nuestra
miseria y así Dios la pueda transformar. Dios te Bendiga.
José Miguel Ángel Beltrán
Gómez.
RecreaEspíritu…
Bibliografía
Aciprensa. (03 de 10 de 2020). aciprensa.com.
Obtenido de Biografía de San Jerónimo:
https://www.aciprensa.com/recursos/biografia-3423