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Tocar el sol. izhar khan. |
Que bien amigo y amiga,
un saludo de amor, amistad y prosperidad. “En la angustia de mi alma/me acorde
del señor,/ y mi oración llegó hasta ti,/ hasta tu santo templo./” (Jonás 2,8).
En los misterios de la
vida, el hombre cae, pero la vida lo levanta, sí decide levantarse. No hay otra,
querido amigo y amiga, es la maravillosa vida, que germina en la oscuridad y da
frutos de amor, en medio de la dificultad, el dolor, alegría y dura prueba.
Jonás huía de la misión
encomendada y por evadir la
responsabilidad, llegó hasta al fondo del mar; pero allí dio muerte al miedo y
clamo. Fue escuchado y a flote, sobre la arena, agacha la cabeza y con valor,
viaja al frente de la jornada y predica la vida nueva de conversión.
Así estaba, como Jonás,
en la mitad del fuego, alimentado por los problemas, obligaciones, temores, soberbia,
odios, resentimientos, miedos y poca fe. Comiendo de la tierra, las sobras del
bosque, maldiciendo la desdicha de ser como soy, y arrastrándome como víbora tras
cualquier presa. Justo allí cuando el túnel se cerraba y mis ojos se apagaban;
de rodillas, clame a un Dios, que no sé dónde estaba. Una suave brisa invadió
el corazón de aquel humillado hombre. Sin mediar palabra, levantó sus brazos en
acción de gracias y en la distancia, ve una luz que le llama, “levántate, vete
a Nínive, y predica” (Jonás 3, 2).
Hoy te sentirás
afligido, caído de nota, por las dificultades, que talvez nublen tus sentidos.
Rendirte, es la peor salida, valorate y empieza a caminar; las hermosas flores
surgen de las cenizas, y estas se cortan para adornar altares. Jamás desistas, tocar
fondo, tu oportunidad. Esta sencilla
historia que te comparto del “caballo en el pozo”, nos recuerda, que ante los
errores y piedras del camino, hay que sacudir la tierra y sobre ella construir
la mansión dónde quieres estar.
Un campesino, que
luchaba con muchas dificultades, poseía algunos caballos para que lo ayudasen
en los trabajos de su pequeña hacienda. Un día, su capataz le trajo la noticia
de que uno de los caballos había caído en un viejo pozo abandonado. El pozo era
muy profundo y sería extremadamente difícil sacar el caballo de allí. El
campesino fue rápidamente hasta el lugar del accidente, y evaluó la situación,
asegurándose que el animal no se había lastimado. Pero, por la dificultad y el
alto precio para sacarlo del fondo del pozo, creyó que no valía la pena
invertir en la operación de rescate. Tomó entonces la difícil decisión de
decirle al capataz que sacrificase el animal tirando tierra en el pozo hasta
enterrarlo, allí mismo.
Y así se hizo.
Comenzaron a lanzar tierra dentro del pozo de forma de cubrir al caballo. Pero,
a medida que la tierra caía en el animal este la sacudía y se iba acumulando en
el fondo, posibilitando al caballo para ir subiendo. Los hombres se dieron
cuenta que el caballo no se dejaba enterrar, sino al contrario, estaba subiendo
hasta que finalmente consiguió salir.
Si estás “allá abajo”,
sintiéndote poco valorado, y otros lanzan tierra sobre ti, recuerda el caballo
de esta historia. Sacude la tierra y sube sobre ella. Y “No le pidas a Dios
cargas livianas para llevar, pídele hombros fuertes para llevar cualquier tipo
de carga”. Dios te Bendiga.
José Miguel Ángel
Beltrán Gómez.
RecreaEspíritu…
16/junio/2019
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