Que
bien amigo y amiga, un saludo de amor, amistad y prosperidad. Vive el día de
hoy, como si fuera el último de tu vida. Es el mejor regalo que Dios te ha
dado, porque Él quiere lo mejor para ti. En ocasiones, anhelamos lo que otros
tienen, perdiendo la oportunidad de disfrutar, tu
felicidad... porque, tienes lo necesario. Haz cuentas, y veras la riqueza, que hay
en ti: tus logros, tus fracasos, tus sueños, tu belleza, tu personalidad, el amor
que brota de tu corazón; ellos han forjado en el fuego, al hombre o mujer, que
hoy enfrenta con valor, la adversidad, y ve en cada problema, la oportunidad
para mejorar y prosperar.
¡Anímate!. Hoy es tu día, el mejor, para hallar en tu
alrededor, la feliz coincidencia de amar y servir a los demás. Esta historia
“Las cuentas de la vida” de Jaime Lopera y Marta Inés Bernal, autores del libro
la culpa es de la vaca, dejo una lección de juventud, sí disfrutas cada momento
de tu vida, danzando en la irreverente sonrisa del que te admira.
Un
hombre entró a un cementerio con el objeto de saludar a un ser querido que
estaba allí sepultado. De repente se extravió por un sendero y entró, sin darse
cuenta, a un pabellón donde observó algunas lápidas con inscripciones fuera de
lo común. Una de ellas decía: “Aquí yace Alphonse Duval, quien vivió ocho meses,
cuatro días y nueve horas”. En otra encontró esta leyenda: “Jamie Bruckwell,
quien vivió siete años, dos meses y veinte horas”. Unos pasos más allá, otra
placa rezaba: “En honor de Marthina Bhernalosky, quien vivió doce años, setenta
y dos días y quince horas”.
La
cantidad de inscripciones de esta clase le hizo suponer que estaba en un
cementerio de niños. En ese momento vio venir a uno de los encargados del lugar
y le preguntó:
—¿Por
qué anotan el tiempo que estos niños vivieron? ¿Por qué tantos niños muertos?
¿Acaso hay una maldición en este pueblo?. El cuidador respondió:
—En
este pueblo tenemos la costumbre de entregarle una libreta a cada joven que
llega a la adolescencia. En una de sus páginas debe anotar los momentos más
célebres de su vida; en la otra, el tiempo que duró ese disfrute. Desde
entonces, el chico registra los momentos en que goza inmensamente, y el tiempo
que duró ese gozo. Casi todos describen las emociones que les produjo su primer
beso, los minutos que duró y la pasión que sintieron. Registran una voz amable,
un consejo recibido, y el tiempo que duraron los sentimientos a ellos asociados.
El día del matrimonio, el nacimiento del primer hijo, el viaje más deseado, el
encuentro repentino con alguien querido, todos son acontecimientos que se
anotan en esa libreta, por lo que representan en nuestras vidas. Este es el
verdadero tiempo vivido, porque existimos para ser felices, gozar de la
naturaleza, ayudar y estar en paz. Lo demás no es vida. (Trujillo,
2000).
Amiga,
amigo, toma atenta nota de cada acción, que realizas en tu día, sea buena o
adversa; saca de ella los mejores instantes que te decidieron a llevarla a
adelante, allí encontraras las mejores lecciones, que fortalecerán tus
emociones y serán la roca para triunfar. Da gracias por lo que tienes, y te
sucede, hay otros que desean lo que Dios te ha dado. Ora para que la gracia de Dios
llegue a tu vida y a tus buenas obras, ellas son la recompensa que Dios premia.
No te preocupes por lo que vendrá, los pájaros alaban a Dios por la luz del sol
y por el nido, que en la noche les protegió. ¡Ama y disfruta lo que haces!,
Dios Bendice tu entrega y premia tu lealtad.
Recuerda: “El ayer es historia, el
futuro es un misterio, pero el hoy es un obsequio… ¡Por eso se llama presente!”
Maestro Oogway. (Martín, 2018) . Disfruta lo que
tienes y serás Feliz. Dios te
Bendice.
José
Miguel Ángel Beltrán Gómez.
RecreaEspíritu…
21/octubre/2018. Sogamoso Boyacá.
Publicado en el programa “La comunidad
tiene la palabra”. Sol estéreo. 99.1 FM. Sección RecreaEspíritu.
Bibliografía
Martín, A. R. (20 de octubre de 2018).
lifeder.com. Recuperado el 20 de octubre de 2018, de Lifeder.com:
https://www.lifeder.com/frases-kung-fu-panda/
Trujillo,
J. L. (2000). Las cuentas de la vida. En J. L. Trujillo, La culpa es de la
vaca (págs. 225-226). Bogota: intermedio.