“Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo”
(Eclesiastés 3,1)
Cada nuevo año, es un prodigio que Dios nos da, para bien de nuestras almas y alcanzar nuestros propósitos de vida. También, es un milagro tener la oportunidad, de escribir nuestros objetivos, metas y propósitos a realizar durante el año. Estos deseos deben ser claros, concretos y en lo posible con un plan de acción definido, que permita controlar su ejecución y logro.